Entre 1998 y 2021, México registró 2,470 muertes por descargas eléctricas atmosféricas.
Un estudio de la UNAM integra la frecuencia de tormentas eléctricas y la vulnerabilidad social para mapear el riesgo.
El Estado de México, Oaxaca, Michoacán y Guerrero concentran el mayor número de fallecimientos. Las muertes suelen afectar a trabajadores rurales debido a la precariedad económica, falta de refugios y escasa protección eléctrica. Aunque las tasas de mortalidad han disminuido, regiones específicas siguen siendo susceptibles.
Se proponen medidas de prevención como instalación de pararrayos, refugios seguros y difusión de información en lenguas originarias.



